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Por qué históricamente los automóviles en América Latina y el Caribe (ALC) no han ofrecido las misma

Por qué históricamente los automóviles en América Latina y el Caribe (ALC) no han ofrecido las misma

¿Por qué parte de la industria automotriz decide no incluir elementos de seguridad poco costosos en los vehículos que venden en ALC y que pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte del pasajero en un siniestro? ¿Qué puede hacerse para que esto cambie y se ofrezcan automóviles seguros similares a los de los países desarrollados?

Entre los avances destacados de la teoría económica de los últimos 40 años se encuentra lo que se conoce como teoría de contratos o economía de la información[1]. Básicamente, esta teoría trata de entender como toman decisiones los agentes económicos que participan de un intercambio dónde una de las partes tiene información privada relevante al intercambio y trata de sacar provecho de esta situación. Las predicciones que se pueden hacer respecto del resultado de estos intercambios económicos entre agentes asimétricamente informados dependen sustantivamente de las reglas bajo las cuales interactúan, las que se denominan genéricamente marco contractual, o simplemente contrato.

A los efectos de ilustrar las ideas básicas de la teoría de contratos imaginemos un caso muy simple[2] de un productor de vinos que puede elegir la calidad del vino que produce, obviamente él conoce que los vinos finos serán más costosos de producir que los vinos de mesa. Los consumidores por su parte, supongamos pueden ser sofisticados o comunes, siendo los primeros aquellos que valoran en mayor medida la calidad del vino que consumen. La situación interesante, y que es la que aborda la teoría de contratos, es que los consumidores tienen información privada de sus preferencias, y por tanto el vendedor no sabe si los mismos están dispuestos a pagar por un vino de calidad o un vino de mesa.

La teoría de contratos nos permite conocer cuál sería la mejor estrategia del vendedor para maximizar sus ganancias, en este marco en que no puede distinguir las preferencias de sus potenciales compradores. Este proceso, que se conoce como diseño de mecanismos, supone ofrecer una combinación de calidad y precio del vino (a lo que se llama un contrato) para cada posible tipo de consumidor (sofisticado o común), de modo tal que tanto uno como otro encuentre un vino que quiera comprar, pero con la particularidad de que resulten escogiendo el vino que el vendedor ha elegido para ellos (el vino de mesa debe ser elegido por el consumidor común y el vino fino por el consumidor sofisticado). Se puede mostrar que el aspecto clave del mecanismo que diseña el vendedor es asegurarse que los consumidores sofisticados, quienes le proveen la mayor fuente de ganancias, no vayan a elegir un vino de mesa. ¿Y cómo hace esto? ¡Pues reduciendo la calidad de vino de mesa! Efectivamente, los consumidores más sofisticados podrán optar por un vino de la misma calidad que si no hubiese información asimétrica, pero los consumidores comunes podrán optar únicamente por un vino de calidad mucho menor, sólo a los efectos de que los sofisticados no se vean tentados de tomar vino de mesa a un buen precio.

Esta conclusión es especialmente interesante y aplicable a distintos mercados, también en mercados de transporte. Una aplicación mencionada frecuentemente en los manuales de microeconomía es la decisión de la calidad a brindar en los aviones. En ese caso, la clase económica resulta en una calidad y servicio por debajo de lo podrían tener si la aerolínea pudiera observar la disposición a pagar por mayor calidad. Como no puede observar la preferencia de los consumidores por la comodidad, y a los efectos de que no se le “escape” nadie que pueda pagar clase ejecutiva, es que elige empeorar la clase económica, dándolo poco espacio y comida mucho menos sabrosa y atractiva que la ofrecida en clase ejecutiva.

Otra área en que la teoría de contratos nos puede ayudar a comprender mejor se relaciona a la seguridad vial. Actualmente la mayor parte de los países de América Latina y el Caribe (ALC) han incorporado normativa que exige elementos de seguridad en todos los automóviles que se comercializan por primera vez, pero hasta hace pocos años esta situación no era así y todavía restan varios países a incorporar estas exigencias. Entonces, ¿por qué cuando no existían exigencias normativas las empresas automotoras no incorporaban elementos de seguridad básicos en los vehículos del segmento más popular que venden en regiones menos desarrolladas como América Latina?

Consultas realizadas permiten identificar que el costo de los elementos de seguridad no es elevado, entre US$100 y US$300 para dos airbags frontales instalados, entre US$50 y US$100 por los frenos ABS incluyendo ESC. Si pensamos que estos elementos de seguridad pasiva aumentan notablemente la posibilidad de salvar vidas, no parece nada lógico que no se incorporen cuando sólo aumentaría marginalmente el valor de un auto estándar. Esta cuestión parece un tanto ilógica a primera vista, y parece haber algo más complejo detrás de la decisión que el mero ahorro de costos.

Reflexionemos con la misma lógica que lo hicimos con el caso del hipotético productor de vinos. Los productores de automóviles (al igual que el productor de vinos del ejemplo) pueden producir vehículos con múltiples calidades, sea en cuanto a la potencia de los motores, la comodidad del vehículo (aire acondicionado, por ejemplo), los implementos de seguridad vial, o elementos distintivos que no hacen ni a la comodidad ni a la seguridad, tales como llantas especiales, gps, etc. Aplicando lo que sabemos de teoría de contratos, encontramos que la forma en que los productores maximizarán sus ganancias es ofreciendo distintos contratos (vehículos con un conjunto de atributos y precio[3]) a los distintos tipos de consumidores que tienen información privada respecto de sus preferencias. Para maximizar sus ganancias, el productor diseña los contratos, de modo de asegurarse que los consumidores quieran comprar el vehículo, pero además que los consumidores de mayor poder económico compren autos sofisticados[4]. La teoría de contratos nos enseña, que esto implica ofrecer la calidad eficiente en el auto sofisticado, pero también implica ofrecer una calidad menor a la que podrían al auto básico, para así evitar que los consumidores de mayor capacidad adquisitiva no vayan a preferir comprar un auto de menor calidad. Dicho de otra manera, si los autos básicos fuesen razonablemente buenos, muchos consumidores de altos ingresos los preferirían respecto de los sofisticados. Para que no se les “escapen” estos consumidores es que los productores de automóviles “empeoran” a los autos básicos respecto de lo que sería eficiente.

Nuestro punto en este blog, es que para “empeorar” a los autos de baja gama, las automotoras no sólo eliminan elementos de comodidad y lujo, como el aire acondicionado las llantas especiales, sino que también eliminan elementos de seguridad vial, incluso cuando su bajo costo y relevancia en la probabilidad de muerte en un siniestro, no amerita de ninguna manera que no estén. La inclusión de los elementos de seguridad básicos dentro de los atributos que se sacrifican para optimizar las ganancias constituye claramente una falla de mercado y justifica la intervención pública para corregir este aspecto. Ante la falla del mercado de proveer seguridad razonable en los automóviles básicos, los gobiernos intervienen obligando a ciertos elementos de seguridad mínimos, que establecen una restricción externa a la conformación del conjunto de contratos ofrecidos por los vendedores.

Sólo a modo de ejemplo, el cuadro[5] siguiente muestra lo que sucedía con dos de los automóviles más vendidos del segmento más popular en Uruguay en el año 2013, el Volkswagen Gol 1.6 y el Chevrolet Aveo 1.6.  El primero en su modelo Hatch Comfort tenía un precio de lista de US$21.990 sin elementos de seguridad, mientras que su modelo Hatch Trendline con elementos de seguridad valía US$1.700 más. Interesante de ver es que el modelo Hatch Comfort aún era US$2.100 más caro que el modelo Power, modelo básico que no disponía de elementos adicionales de comodidad; esto es, evidencia que no son los elementos de seguridad los de mayor valor.

Esta relación se mantiene también para el modelo sedán de Volkswagen Gol 1.6, cuyo modelo con elementos de seguridad y comodidad es US$3.100 superior al modelo básico. Y similar situación se puede ver también para el Chevrolet Aveo 1.6, cuya diferencia entre el modelo básico y aquel con elementos de seguridad y comodidad asciende a US$2.600.

Ver artículo completo en blogs.iadb.org

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